Entrevista en Telediario TVE 1

Entrevista de dos minutos en el telediario de la 1 a las tres de la tarde el día 17 de junio de 2009, hecha por Leonor García Álvarez, y pasada justo antes de la información deportiva.

La misma entrevista, pero en su versión completa, se estuvo pasando durante semanas en el canal 24 horas de TVE.

Por motivos de la Ley de Propiedad Intelectual, no se puede reproducir en este espacio.

Nada de Fundamentalismo

Lo primero es decir que no tengo nada de fundamentalista. Salgo así al paso de quienes recientemente se han referido en prensa y radio a mi ‘lucha contra el alcohol’. Nada más lejos: no tengo el menor problema con el asunto del alcohol para los demás, incluso me encanta servir copitas. Lo único es que cuando la gente ya ha entrado en otra onda y se lo está pasando pipa, ahí estoy sobrando y prefiero dejarles a su bola en esa situación en la que tantas veces he estado, y no es que me retire por estar echando de menos algo. No. Recuerdo ferias de Sevilla con Fanta hasta las seis de la mañana.

No estoy, pues, en contra de la producción ni estoy en contra del consumo del alcohol ni de ninguna otra sustancia, legal o ilegal (que ese es otro debate en el que aquí no pienso entrar por razones obvias de obviedad: de ninguna manera admito la ecuación de legal siempre igual a bueno: la pena de muerte es legal en muchos lugares, y no precisamente en los más ‘atrasados’ del planeta sino en los ‘avanzadísimos’ Estados Unidos; Hitler era legalísimo..., y así un largo etcétera como se suele decir), ni de ninguna otra sustancia de las que abundan en el mercado, sea negro o blanco. Ni aunque tuviese yo el poder omnímodo de un dictador, incurriría en la torpeza de prohibir lo que es improhibible casi por naturaleza, es decir aquello que de cualquier forma, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia, va a seguir siendo requerido por la sociedad como lo ha sido desde tiempo inmemorial. Porque inmediatamente ese servicio va a ser asumido por las mafias del mercado negro, es decir lo que se dice a tiros, y entonces sí que estamos arreglados. No hay otra forma de controlar ese negocio que tenerlo controlado, es decir regulado, es decir. Basten dos ejemplos para ilustrar esto: recordemos la que se formó con la famosa Ley Seca de mediados de siglo XX en los Estados Unidos

Otros casos podrían citarse como ejemplos de actividades desgraciadamente, o no, requeridas por la especie humana: el juego sería uno de ellos, y, cómo no, el antiquísimo oficio de la prostitución. Por más vueltas que le demos a este asunto, si queremos de una vez por todas acabar con la explotación que supone (y me estoy refiriendo a la prostitución ‘por cuenta ajena’, no a la prostituta digamos autónoma que ejerce por libre, que esa sabrá muy bien lo que hace con su cuerpo), la única manera es tener controlado por el Estado ese negocio que de todos modos va a existir.

Otro caso que ilustra de forma casi chistosa (si no ocultara el drama que oculta), de puro absurda, es el negocio de la heroína en países como Afganistán. Se sabe que la amapola adormidera tiene dos cosechas, por lo que durante los largos años de la última guerra, había treguas, dos veces al año se hacía alto el fuego a fin de poder recolectar la planta y satisfacer así la ingente demanda mundial de opio y derivados, como morfina, heroína...

La explicación es bien sencilla. Y es que, al estilo de las sociedades puritanas propias del capitalismo feroz que rige el mundo cada día con más fuerza, resulta más cómodo, más hasta democrático, más presentable y más políticamente correcto, el ocultar hipócritamente esas basuras como si no existieran, antes que ocuparse de la cultura que viniese a sustituir por otras esa necesidad de evasión fácil, superficial y pésimamente entendida.

Continuará.

El escritor en invierno


Mensajes

Frente a lo anecdótico de todo lo anterior, podríamos decir que en el siguiente capítulo de mensajes halla asiento la categoría de este blog. Los hay de carácter personal, social y literario. Pero, si el cristianismo entero me perdona la atrevida o pretenciosa paráfrasis, puedo decir que el mensaje soy yo por la sencilla razón de que en mí se han hecho carne todos y cada uno de ellos.

No esperen encontrar puntos de vista técnicos, es decir médicos o terapéuticos, no esperen leer otra cosa que la derivada de largas experiencias personales, vividas tanto por mí en mí como por mí a través de los demás. Tampoco esperéis un pulimento literario, puesto que estas líneas fueron escritas a vuelapluma a medida que me venían las ideas, de acuerdo con la idea de diario que en sí mismo es un blog, y sobre todo para que me sirvieran de guía a fin de tenerlas claras con objeto de exponerlas en las charlas que me piden. Son, pues, líneas para ser habladas.

Se trataba de poner aquí por escrito las reflexiones que dichas experiencias me han suscitado con el tiempo, y que, creyendo de lo más mezquino el guardármelas yo solito sin compartir ni una de ellas, entiendo pueden iluminar a los demás en la misma medida en que a mí me iluminaron las circunstancias que a ellas me condujeron.

Agradecimientos

Son tantos los agradecimientos que debería de hacer aquí, que, ante el horror de dejarme alguno en el tintero, sencillamente opto por limitarme, como bien nacido y algo más, a la mención de mis padres. No sólo han estado presentes hasta ahora en todos los actos referidos como si se tratara de los de la Pantoja. No sólo han intentado comprender siempre las circunstancias de mi persona. No sólo mil cosas más en cuestión de generalidades. Sino que ya va siendo hora de decir que, para el caso concreto que en este blog se relata, el ojo literario de mi madre ha sido constante y capital durante las sucesivas versiones del libro en sus fases preliminares de ordenador.

Aun así, no quiero seguir adelante sin destacar el papel desempeñado por la cantidad de amigos que, a modo de claque y micrófono inalámbrico en mano, se ofrecieron en cada presentación para animarme el cotarro y romper el natural hielo del pudor a la hora de hacer preguntas en los coloquios siguientes a las intervenciones. Siempre quise hacer de tales actos algo vivo, y por ello adjudiqué a los más cercanos una serie de preguntas de mi preferencia: si me costó mucho dejar de beber, el papel de la fuerza de voluntad, si me gusta escribir, el concepto de enfermedad del alcoholismo, si prohibiría el alcohol, si me arrepiento de algo en la vida... Y, sobre todo, la gran pregunta que me permita explayarme sobre el aspecto digamos funcional del libro: si se trata, o no, de un libro de autoyuda.

Esto me sugiere algo: me encantaría poder dar aquí los nombres, harto conocidos en la literatura y el periodismo españoles, de las siete personas que hasta última hora han estado manifestando su convicción de que mi internamiento en centros de rehabilitación de alcohólicos no se debía a reales causas de enfermedad, sino que se había tratado de un espionaje de infiltrado para escribir el libro.